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miércoles, 21 de agosto de 2013

“Si quieres que tus hijos sean inteligentes, lée­les cuen­tos de hadas. Si quieres que sean más inteligentes, lée­les más cuen­tos de hadas” — Albert Einstein

Alguna vez pensaste en la importancia de la creatividad en nuestras vidas? Desde chicos esta es la base de todos nuestros descubrimientos, a través de la curiosidad y la creatividad es que nos zambullimos plenamente en el mundo y crecemos desarrollando herramientas que nos servirán para el resto de nuestra vida.

Pues entonces a ejercitar nuestra creatividad!!!! SI, porque ser creativo es algo que puede aprenderse y que podemos perfeccionar mediante el ejercicio constante, igual que ocurre con el cuerpo físico.

Ofrezcamos a nuestros chicos todas las herramientas posibles para que en ellos florezcan posibilidades y sean adultos mucho más felices.

LoreVd


jueves, 18 de febrero de 2010

Una cuestion de palabras: nosotros o yo

Los investigadores van encontrando señales que desnudan la verdad de los matrimonios y las parejas duraderas. Sí, señores: el pez por la boca muere. Elemental. Ahora llegaron a la conclusión de que aquellos que suelen usar el "nosotros" y el "nuestro" antes que el "yo", "tuyo" y "mío", denotan más bienestar.
Según la investigación, el nosotros inclusivo, cuando es usado entre los miembros de la pareja aún en tiempos de conflicto, revela un comportamiento menos negativo y menos estrés. También se llegó a la conclusión de que la "nosocracia" denota más satisfacción, la capacidad de encarar los conflictos más equilibradamente y, como consecuencia, una vida más relajada en el plano físico.
Robert Levenson de la Universidad de la Universidad de California explica que el de las parejas es un mundo tan íntimo y lleno de riesgos que a veces la honestidad termina siendo sacrificada en pos del mal menor. Pero, dice, estudiar las pequeñísimas partes del lenguaje es una valiosa entrada a la verdad de esa intimidad, porque por lo general esas palabritas son las que safan de la censura. "Es algo sobre lo que no están pensando concientemente y de lo que no se dan mucho cuenta. Es solamente un pequeño pedacito de comportamiento con el que podemos contar".
Lo que hay que tener claro es que la "nosocracia" no es una receta. No mejora las cosas decir "nuestra" a propósito. En todo caso revela algo cuando alguien lo dice descuidadamente. Uno puede decir "mi auto" o "nuestro auto", puede decir "estoy casado" o "estamos casados"; "fui a tal lugar" o "fuimos". Sin embargo, a veces, un "nuestro" oportuno saliendo de tu boca puede hacer feliz a tu pareja. Da la sensación de ser algo chiquito ese pronombre, pero no, es más grande de lo que parece. 

fuente: http://www.ciudad.com.ar
 

martes, 16 de febrero de 2010

Porque nos gritamos???

Un día Meher Baba preguntó a sus "mandalies", lo siguiente:
- Por qué la gente se grita cuando están enojados?.
Los hombres pensaron unos momentos...
- Porque perdemos la calma. -dijo uno. -Por eso gritamos.
- Pero... por qué gritar cuando la otra persona esta a tu lado?. preguntó Meher Baba. -No es posible hablarle en voz baja?.
- Por qué gritas a una persona cuando estas enojado?.
Los hombres dieron algunas otras respuestas, pero ninguna de ellas satisfacía a Meher Baba.
Finalmente él explicó:
- Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho, para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse, mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.
Luego Meher Baba preguntó:
- Que sucede cuando dos personas se enamoran?.
- Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, por qué?.
- Sus corazones están muy cerca.
- La distancia entre ellos es muy pequeña.
Meher Baba continuó.
- Cuando se enamoran más aún... Qué sucede?.
- No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca en su amor.
- Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo.
- Así es cuán cerca están dos personas cuando se aman.
Luego Meher Baba dijo:
- Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta, que no encontrarán más el camino de regreso.






lunes, 15 de febrero de 2010

Los Abrazos NO dados

Que buena reflexion sobre las relaciones humanas y el contacto fisico, merece ser leida y releida.

Muere alguien cercano –y, créanme, estoy en una edad en que ello sucede a menudo-, y me pregunto si le abracé lo suficiente. La memoria contiene atenciones dedicadas a la piel, al perfume de cada uno. En mi olfato evocador permanecen los referentes de esa persona con la misma exactitud con que ahora mismo, si cierro los ojos, evoco el olor de la gente viva a la que quiero, tanto si permanece lejos como si voy a encontrármela en el transcurso del día de hoy. Registramos la percepción que recibimos de las personas amadas –y hay muchas formas de amar, afortunadamente–, el aroma que desprenden y la manera en que nuestra capacidad para el encuentro lo adopta y clasifica. Pues se mezclan, en los sentimientos que perdurarán para el recuerdo convertidos en una sensación única, el olor del otro y nuestro don más o menos afilado para recibirlo.


Y es entonces, cuando alguien muere, y te llegan a los sentidos el vaho de su cabello en verano, la frescura de sus pecas en invierno, el mensaje de su ropa… Es entonces cuando te preguntas si os abrazasteis lo bastante.
Inevitablemente, uno mira alrededor para comprobar si está abrazando lo bastante a quienes le rodean y le importan. Y comprende que hay mucho abrazo vano y mucho besuqueo en el aire, pero que nos falta acercar el pecho, darse con el torso uno de esos toques profundos, una de esas transmisiones de afecto que el otro metaboliza, que acompañan.
¿Se han dado cuenta de la cantidad de personas que retroceden un paso cuando pretendemos abrazarlas así? Sobre todo hombres. Los hombres sufren, para su desgracia –no es el caso de los gays, desde luego-, de falta de aprendizaje para los contactos que no sean sexuales. La ternura los inunda, pero carecen de espitas para darles cauce. Entonces los abrazas y callan, temiendo que se vaya a abrir el mar Rojo y los vaya a engullir, o que se vaya a abrir el mar Rojo y sencillamente los escupa. Es decir, temiendo, pero no sabiendo qué temer. Estamos en una época en que el contacto físico sentido, no el de las palmadas en los hombros ni las formalidades, acobarda.
No hablo de amantes –ése sería otro cantar: que hablen quienes aún tienen hormonas–, hablo de amigos. ¿Nos apretamos las manos, no para saludarnos, sino para comunicarnos? ¿Lo hacemos en público, sin importarnos los demás sólo porque nos lo pide el cuerpo, sólo porque nos parece necesario, sólo para decir “estoy aquí, contigo, como siempre”? A veces sí. Pero no con tanta frecuencia como deberíamos.
Hay personas ríspidas, hirsutas, erizadas. Me faltan definiciones, pero muchas tienen que ver con los moluscos. Mal educadas en las emociones físicas, con una infancia a cuestas que aún destila sequedad o exceso de leche materna, y que tienden a envararse, confundiendo la sobriedad con el papel de lija.
Hay gente que no sabe abrazar y que no lo sabrá nunca, con lo que eso supone de soledad interna para ellos, y de despellejamiento de los abrazos de uno, de frustración. Y hay gente que abraza demasiado, tanto que se desvaloriza, y termina dando tanto que da muy poco.
Pero entre medias hay personas que aprenden a abrazar, que superan el miedo al compromiso –o simplemente, a no saber hacerlo, a que se les note la falta de costumbre– y que se van abriendo de a poquitos. Créanme de nuevo –pues entre lectores y leídos siempre hay algo de relación de mutua fe–, es una sensación extraordinaria asistir a eso, al descubrimiento de los tiernos gestos físicos, gestos amistosos hasta el tuétano, gestos puntuales que acercan más que las palabras o que dotan de sangre y calor a las palabras, o que hablan con una elocuencia para la que aún no hemos inventado palabras.
Hay personas que aprenden a abrazar, y personas que aprendemos a apreciar su esfuerzo y a respetar sus caminos. Y agradecemos que eso ocurra, porque es un trabajo que habremos hecho en vida y del que nadie se arrepentirá.

Fuente: http://www.elpais.com